Resulta interesante escuchar al diputado Carlos Olson afirmar que el PAN no necesita alianzas para ganar elecciones. Está en su derecho de expresarlo, pero también es justo recordar cómo llegó al Congreso.
Carlos Olson no fue candidato únicamente del PAN. Fue candidato de la coalición integrada por PAN, PRI y PRD. Esa alianza fue la que enfrentó a Morena en el Distrito 17 y la que construyó una victoria que hoy le permite ocupar una curul en el Congreso del Estado.
La pregunta es sencilla: ¿habría obtenido el mismo resultado compitiendo solo con los votos del PAN? Nadie puede asegurarlo. Lo que sí sabemos es que los triunfos de 2024 en Chihuahua fueron producto de un esfuerzo conjunto entre distintas fuerzas políticas que decidieron dejar de lado diferencias para enfrentar un reto electoral mayor.

Descalificar o minimizar el valor de los aliados después de haber ganado con ellos parece, cuando menos, un ejercicio de memoria selectiva.
Las alianzas no son actos de caridad política. Son acuerdos entre fuerzas que aportan estructura, territorio, liderazgos, representación electoral y miles de votos. Pensar que uno solo hizo todo el trabajo es desconocer la realidad de las campañas.
Si el PAN considera que puede ganar solo en 2027, está en todo su derecho de intentarlo. La democracia consiste precisamente en competir y demostrar en las urnas quién tiene la razón.
Pero una cosa es hablar del futuro y otra muy distinta reescribir el pasado.
Porque si algo no puede discutirse, es que Carlos Olson llegó al Congreso bajo las siglas de una alianza, no en solitario.
“La soberbia electoral suele ser mala consejera. Y en política, olvidar quién te ayudó a ganar suele ser el primer paso para empezar a perder.”



